Cómo hacer un “walking bass” (1ª parte)
El acompañamiento más típico que hace el bajo en el jazz es el llamado “walking bass”. Consiste en tocar un flujo constante de negras sobre la progresión de acordes. Los orígenes de esta forma de hacer el acompañamiento se remontan a la era del “swing” (década de 1930), en la que el bajo comenzó a hacer las funciones de “bombo afinado”, mientras que los bateristas trasladaban el pulso principal del bombo al plato.
Para saber más …
En la bibliografía mencionamos algunos libros que pueden ampliar lo que aquí tratamos y en la página de recursos hay enlaces a otras webs que tratan el mismo tema.
En el Foro del contrabajo, en la sección dedicada al Jazz, se ha mantenido una conversación muy interesante sobre los distintos enfoques a la hora de hacer un “walking bass”. Se puede encontrar bajo el título Ayuda!!! Algún libro para aprender a hacer walking?.
Conceptos básicos
Debemos tener claros algunos conceptos previos: entender la función de cada acorde de la progresión, su construcción y las relaciones escala-acorde.
Una “regla” a la hora de construir la línea de bajo es la siguiente: la primera nota del acorde debe ser una nota que lo defina bien, la fundamental generalmente u otra nota importante del acorde. Otra de estas reglas dice que para remarcar el cambio de acorde, la nota previa al cambio del acorde debe quedar a una distancia de semitono de la que le sigue. Finalmente, se dice que las notas “extrañas” (tensiones o cromatismos) no deben caer en las partes fuertes del compás (1 y 3) sino en las débiles (partes 2 y 4).
Estas “reglas” no son tales: son sólo indicaciones, pero nos las podemos saltar si queremos. Por ahora intentaremos seguirlas.
Líneas basadas en acordes
Comenzaremos por la técnica más básica: construir la línea a partir de las notas del acorde (tríadas y cuatríadas). Éstos son los cuatro primeros compases de la canción “The Days of Wine and Roses“.
En el ejemplo vemos que no es necesario caer siempre en la fundamental: en el compás 3 (D7) caemos en la tercera del acorde y el cambio de acorde queda perfectamente definido. Vemos que usando simplemente las notas del acorde ya es posible hacer muchas aproximaciones cromáticas: el E final del compás 1 resuelve en un Eb en el compás 2, el G final del compás 2 resuelve en el F# del compás 3, etc.
Si el paso cromático no lo podemos hacer con las notas del acorde, lo podemos “forzar”, aunque la nota que toquemos no pertenezca ni al acorde ni a la escala, puesto que lo importante es que se defina claramente el acorde al que vamos. Por ello, estas notas “extrañas” serán perfectamente aceptables. Veamos un ejemplo sobre los acordes de “All the Things You Are“:
En este ejemplo se ve (y se escucha) que los cromatismos son perfectamente aceptables, es más, aportan un mayor sentido a la línea de bajo. Pueden ser cromatismos ascendentes (del compas 1 al 2, del 6 al 7) o descendentes (el resto). Pueden ser notas del acorde (del compás 3 al 4) o no, pero no importa. Como decíamos, lo importante no es la nota cromática, sino su objetivo: el siguiente acorde.
En los ejemplos estamos tocando los acordes “en orden”, esto es, con las notas del acorde dispuestas secuencialcialmente, pero es perfectamente válido (y se usa mucho) tocar los arpegios “rotos”, con saltos:
En la siguiente entrega avanzaremos más …


